Leccion 20
La Iglesia

CARTA DE UNA ESPOSA A SU ESPOSO

Amado mío: “Si hay algo que necesito, ese eres tú; tú y tus miradas de niño. Tus manos apretando la mía a la hora cuando el sol se va a dormir. Recuerdo siempre, que dijimos que estaríamos juntos siempre. Yo no necesito nada más que a ti. Quiero que sepas que soy tu fans incondicional. Soy tu sombra donde quiera que vayas. Eres lo mejor que me ha ocurrido, esposo mío. ¿Quién como tú? Solo tengo ojos para ti. Vivo para ti. Mi centro eres tú. Eres mi punto de partida. Y yo soy soldado que defiendo mi patria (tú) a cada segundo.

Por favor, no te extrañes de lo que te digo. (Si, ya sé que no es mi estilo) Pero déjame aprender. Por favor, no me digas que no soy espiritual. Hoy soy más espiritual que nunca, solo que no descubría este inmenso secreto. ¡¡Te Amo!! Si, te amo, y si mañana muero, recuérdame como a la que más te amo (después de Cristo) Tómame en tus brazos y trasládame donde quieras, ya que los días son tan breves y tengo miedo de que no regreses a tiempo y no poder susurrarte lo importante que eres para mí.

Hay algo que quiero decir, siempre lo quise decir; solo que pensé, que dirías que no era necesario. Y es esto. Dios me bendijo al conocerte y me regaló lo mejor. Tu vida, Esposo mío, me bendices, me llenas de favores jamás soñados…

Hoy al orar, oré para que Dios te guardara de caer en pecado. Le dije a Dios: Señor, guarda a mi esposo del adulterio, no permitas, que manche la gloria de mi Cristo. No permitas que sea uno más de la larga lista existente, por favor, mi Señor. Ana oró por un hijo distinto; yo oro por un esposo distinto…Por favor no me reproches, sólo lo digo, porque lo amo, y porque me siento la más feliz de las mujeres al saber que en mi hogar hay un hombre cristiano que ama la venida de mi Señor.

Finalmente, amado mío, gracias por tu amor prodigado y por tu santa paciencia que has tenido para conmigo. ¡Ah! Haré de mi matrimonio el centro de mi familia. Y tú y sólo tú serás mi faro, y la estación final de mi vida. Prometo, con mi amor librarte de la máxima tragedia reinante. Siempre tuya. Una como Ana que amó a Elcana.

Con profundo anhelo, espero que esta “locura” o “cosita” pueda servir a su familia e Iglesia. Es una clase distinta. Roberto E. Rojas Rojas (Después de meditar largamente en la Iglesia de Cristo)